Newcastle United encontró premio a su fe en el último suspiro frente al Manchester United. El 2-1 en St James’ Park tuvo todos los ingredientes de una noche grande: intensidad, polémica, expulsión, remontadas emocionales más un desenlace al filo del minuto 90. El equipo de Eddie Howe, que venía con bajas sensibles como Valentino Livramento más Bruno Guimaraes, volvió a demostrar que cuando puede correr resulta temible.
El primer tiempo fue un ejercicio de presión alta, transiciones rápidas, dominio territorial por parte local. Kieran Trippier más Lewis Hall dieron amplitud, Sandro Tonali puso pausa, Joelinton aportó despliegue. Sin una referencia clara en el área, el Newcastle chocó con Harry Maguire más Leny Yoro, firmes en el juego aéreo. Del otro lado, el conjunto dirigido por Michael Carrick respondió con intentos de Kobbie Mainoo más Bryan Mbeumo, mientras Aaron Ramsdale, suplente esta vez de Nick Pope, sostuvo a los locales con intervenciones decisivas.
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El añadido previo al descanso alteró el guion. Jacob Ramsey vio la segunda amarilla tras una acción interpretada como simulación. Poco después, penalti por una entrada imprudente de Bruno Fernandes sobre Anthony Gordon, que el propio ‘10’ transformó. Cuando parecía que el Newcastle se marchaba con ventaja, en el noveno minuto del descuento Casemiro empató de cabeza tras un balón parado lanzado por Fernandes.
Con superioridad numérica, el United cedió iniciativa tras el descanso. El Newcastle, pese a la inferioridad, insistió desde la estrategia, acumuló llegadas, rozó el segundo tanto en acciones de Gordon. Joshua Zirkzee estuvo cerca de sorprender con un disparo a la escuadra que Ramsdale desvió con reflejos. Cuando el visitante se volcó, apareció William Osula con una carrera solitaria al 89 para desatar la euforia. Un triunfo de carácter antes de recibir al Manchester City en la FA Cup, además de su próximo desafío continental frente al FC Barcelona.










