Boca ofreció en la Fortaleza su actuación más convincente de la temporada y derrotó 3-0 a Lanús para dejar atrás una racha de cuatro partidos sin triunfos. El equipo dirigido por Claudio Úbeda mostró una postura mucho más agresiva desde el inicio, con intensidad para recuperar la pelota y claridad para atacar, algo que había escaseado en las últimas semanas. En un contexto cargado de dudas por los resultados recientes y el clima alrededor del plantel, la victoria aparece como un punto de inflexión.
El encuentro también tuvo un marco particular. Mientras Lanús celebraba ante su gente la reciente conquista de la Recopa Sudamericana frente a Flamengo en el Maracaná, Boca debió protagonizar el pasillo de honor antes del inicio. Aun así, el Xeneize logró imponer su juego ante más de 10.000 hinchas que acompañaron la noche en el sur y terminaron siendo testigos de una actuación colectiva que devolvió algo de tranquilidad.
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Dentro de ese funcionamiento apareció una figura que encendió la ilusión: Tomás Aranda. El juvenil arrancó desde el extremo izquierdo, pero se movió con libertad para asociarse y participar en la creación. Fue clave en los dos primeros goles: primero iniciando la jugada que terminó con la volea de Santiago Ascacibar, desviada por Canale para abrir el marcador, y luego desbordando por la izquierda para enviar el centro que derivó en el tanto de Miguel Merentiel tras un rebote del arquero Losada.
Con Lanús todavía envuelto en los festejos y también afectado por ausencias importantes como la de Marcelino Moreno y Rodrigo Castillo, Boca aprovechó el momento. El tercero llegó con una muestra de jerarquía: Leandro Paredes filtró un pase de tres dedos que dejó otra vez a Merentiel frente al arco para sellar la goleada. La noche también dejó buenas sensaciones en Ascacibar, más cómodo en el mediocampo, y en Milton Delgado, siempre intenso en la recuperación. Para un hincha golpeado por meses de irregularidad, la victoria no solo significó tres puntos: también la posibilidad de volver a creer.










