Rosario Central volvió a golpear en el clásico rosarino con una escena que quedará en la memoria de su gente. Ángel Di María, limitado por molestias en el aductor izquierdo, firmó una volea impecable al inicio del segundo tiempo para encaminar el 2-0 sobre Newell’s Old Boys. Más tarde, Enzo Copetti aseguró el resultado. El triunfo no solo fortalece al Canalla en zona de playoffs, sino que prolonga una racha contundente: Newell’s no logra vencer como local a su eterno rival en el Coloso del Parque desde 2008.
El partido mostró desde el arranque que el capitán no estaba en plenitud. Habitual ejecutor de tiros libres y córners, Di María cedió esa responsabilidad a Vicente Pizarro, un indicio claro de que buscaba proteger la zona afectada. Durante el primer tiempo se lo vio elongando, llevándose la mano a la pierna izquierda y administrando esfuerzos, con escasa movilidad y esperando intervenciones puntuales más que asumir el peso constante del juego.
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Aun así, el campeón del mundo encontró el momento exacto. A los cinco minutos del complemento, una acción en el área derivó en su zurda y, sin dudar, conectó una volea inatajable que rompió el equilibrio. Fue un gesto técnico de máxima jerarquía en un contexto adverso, similar al impacto que ya había tenido en el clásico anterior disputado en el Gigante de Arroyito. Su lectura de juego y oportunismo compensaron la evidente limitación física.
Diez minutos después del gol, dejó el campo entre gestos de preocupación y satisfacción por el deber cumplido. Antes había protagonizado incluso un gesto de fair play al enviar el balón fuera con un rival tendido, en un duelo intenso y físicamente exigente. Central supo administrar la ventaja y Copetti cerró la cuenta para un 2-0 que reafirma la autoridad auriazul en territorio leproso. Con su emblema tocado pero decisivo, el Canalla volvió a imponerse en el clásico y a sostener una hegemonía que ya supera los 16 años.










